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martes, 24 de enero de 2012

Animal

¡Hola de nuevo!

Aquí os dejo con el relato que nos manda Celia. Es un texto corto y frenético, dejándonos con intriga en el final y con ganas de continuar leyendo ─ o devorando ─ el fragmento que tenemos entre manos en esta ocasión.

Por otro lado, queremos continuar agradeciéndoos que sigáis haciendo posible este humilde proyecto. ¡Muchas gracias y ánimo a tod@s!



Admin.: Miguel





Animal


<<Mierda, ya está cerca. >>
 
Corría como alma que lleva el diablo, apartando ramas, y lleno de heridas en piernas y brazos.
En la frente, un par de gotas de sangre derramadas, pero ya bastante resecas, lo que era un alivio. Tenía todos los músculos en tensión, a pesar de llevar horas sin parar de correr, y mi corazón, no palpitaba, sino martilleaba, de forma casi audible por cualquier transeúnte que, por suerte o por desgracia, pudiera pasar. Pero por extraño que pareciera, no me dolía.

<<Le puedo sentir, viene a por mí, casi ha llegado >>

Decidí buscar un buen lugar para esconderme, sabía que no iba a poder salvarme si corría eternamente, y ya había asimilado el hecho de que iba a morir. Tal vez esto, me había hecho ya dominar el instinto de supervivencia, el miedo a la muerte, tal vez fue lo que me hizo creer que pudiera haber una vía de escape: tal vez consiguiera esconderme tan bien, que pasara de largo.
 No iba a ser demasiado difícil buscar un lugar que pudiera resguardarme un poco, pues todo era maleza a mi alrededor. Vislumbré un gran árbol, desconocido para mí, a pesar de conocerme el bosque como la palma de mi mano. Me recordaba en tamaño a los grandes “baobab” de África, pero sabía que ese tronco no iba a tener un gran agujero en su interior para que yo me escondiera. Sólo había un problema, nos separaban unos cien metros de vegetación mucho menos densa, cien metros que me iban a dejar al descubierto por primera vez en horas. Cien metros en cuyos brazos mis posibilidades de morir se multiplicaban por diez.

Un crujido sonó detrás de mí, y me agazapé, preparado para saltar. Nada aparecía.

Me sonreí a mí mismo, aunque tenía miedo, sí, pero sabía que no podía ser él, era demasiado impaciente, ya me habría localizado y estaría delante de mí. No me había movido ni un milímetro desde el inesperado ruido y aproveché mi postura para atravesar el infierno que me separaba de mi única posibilidad.
 
Como un puma, tomé impulso, y volé entre la vegetación. Notaba cómo la adrenalina segregada corría por mis venas, y me hacía más fuerte y rápido. Entre jadeos, llegué a mi refugio. Todo parecía haber ido como la seda, y durante un segundo, mis músculos se relajaron.

De repente, un sudor frío recorrió mi espalda, al tiempo que algo se clavaba en mi cuello. No había sido lo suficientemente rápido, no lo había logrado. Con una amarga sonrisa, me giré lentamente para ver al psicópata que me llevaba siguiendo dos días, el de los ojos inyectados en sangre, y vi como el cazador, con un gesto ansioso, encañonaba hacia mí, a punto de apretar el gatillo. <<Ya ha llegado>>, pensé.



Celia Cañete

1 comentario:

Una rubia dijo...

Es increíble que me haya atrevido a hacerme un blog por publicar esto en la página, BRUTAL! jajaja